Votaré por la familia y la vida


Adrián Marrero Redondo
Periodista
Editorial
Cartago al Día
Segunda Edición, Junio del 2009

Una verdad muy clara es que quienes repre-
sentan en la Asamblea Legislativa a las diferen-
tes provincias del país son electos por la mayo-
ría. Y bajo esa premisa los diputados deberían
actuar, pero en la actualidad existe una corrien-
te que busca beneficiar a las minorías en contra
de las mayorías.
Pero hasta ahí estimados lectores pueden
decir que no existe nada que nos avergüence,
claro, salvo si mencionamos las aberraciones
sociales que buscan aprobar en el Congreso de
la República los diputados Cartagineses, Carlos
Manuel Gutiérrez Gómez del Movimiento Liber-
tario y Orlando Manuel Hernández Murillo del
Partido Acción Ciudadana.
Resulta que estos dos legisladores quienes
“nos representan”, forman parte de una camari-
lla de legisladores quienes están en contra de la
familia, lo que se ve claramente en su apoyo di-
recto al proyecto de la uniones homosexuales y
a favor de los proyectos de ley que autorizan el
aborto.
En lo personal estos dos diputados por Car-
tago me avergüenzan y estoy seguro que tanto
católicos como cristianos por tener como mode-
lo a Cristo también piensan igual que yo.
Jamás votaría por un partido político que
tenga diputados con ese pensamiento, quienes
sin duda alguna, son legisladores que apoyan lo
que se llama la cultura de la muerte, buscando
legalizar una unión inmoral a todas luces para
que al menor sea legal y como se ha visto en
otros países, luego vendrá la legalización del
aborto.
No cabe duda que en el mundo, en el país y
ahora en nuestra Provincia se está librando una
lucha entre quienes respetarnos la familia como
hoy la conocemos, en quienes estarnos a favor
de la vida y quienes apoyan acciones inmorales
y la cultura de la muerte, como son los diputa-
dos Carlos Gutiérrez del Movimiento Libertario y
Orlando Manuel Hernández del PAC.
En lo personal insto a todos los cristianos ca-
tólicos y no católicos, a quienes creen en la vi-
da, a quienes están a favor de la familia como la
conocemos, conformada por un hombre y una
mujer, a que en las próximas elecciones nos fi-
jemos antes de votar quienes están a favor de la
familia y la vida y quienes a favor de que maten
a nuestros niños no nacidos y que la base de
nuestra sociedad este conformada por homose-
xuales y lesbianas.
Sin duda alguna en las próximas elecciones
estará en juego no solo la escogencia de un Pre-
sidente, la escogencia de quienes nos represen-
ten en la Asamblea Legislativa, está en juego la
vida de miles de niños que no tienen voz, de mi-
les de niños que están esperando conocer a sus
madres. En las próximas elecciones estará en
juego la moralidad de nuestra sociedad, estará
en juego la familia tal y como la conocemos y
por eso lo recalcó, nunca votaría por los diputa-
dos del PAC o los diputados libertarlos.

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2 Respuestas a “Votaré por la familia y la vida

  1. Aporte al debate sobre modificaciones a la ley de matrimonio civil
    por P. Nicolás Alessio, presbítero.
    Grupo Sacerdotes Enrique Angelelli
    Córdoba, Argentina

    “Dios es amor, el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él”. San Juan.

    “Dios es espíritu, donde está el Espíritu esta la libertad”. San Pablo a los Corintios.

    “Ya no hay diferencia entre judío y griego, esclavo y hombre libre, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”. San Pablo a los Gálatas.

    Ante la posibilidad de una ley que permita a personas del mismo sexo ser “matrimonio” y vivir profundamente el amor y la sexualidad, entendemos que aprobarla, acompañarla y profundizarla nos pone en el camino del Evangelio de Jesús. Un Jesús que nos ha revelado el rostro amoroso de su Dios. No necesariamente ni siempre, la iglesia oficial, y sus opiniones, coinciden con el Evangelio. Este tema es uno de esos casos.

    Veamos:

    – Jesús nunca fijó una doctrina cerrada sobre el matrimonio, simplemente siguió las costumbres de su época y avanzó en reconocer y defender, de una manera especial a las mujeres, en un contexto social machista y patriarcal.

    – Jesús jamás condenó ni mencionó la homosexualidad, sí se enfrentó a los soberbios, a los que se creían puros, a los que tenían el poder opresor, a los que esclavizaban, a los que humillaban.

    – Jesús siempre puso la Ley al servicio de una mayor humanización, donde el centro sea la persona y, sobre todo, los proscriptos, los olvidados, los últimos.

    – el término “homosexual” no aparece en la literatura sino hasta fines del siglo XIX, en los tiempos bíblicos no existía una comprensión elaborada de lo que actualmente entendemos por orientación sexual. Mal se podría condenar la homosexualidad.

    – toda la revelación bíblica apunta a centrarnos en el amor, sin exclusiones de ningún tipo, y con predilección por los marginados, los proscriptos, los ninguneados, los postergados, los acusados.

    – si algunos textos del Antiguo Testamento parecen condenar la homosexualidad, en realidad lo que están rechazando, es, o la idolatría que tal práctica revelaba o, en todo caso, como en el caso de Sodoma, la falta de hospitalidad, en Ezequiel 16:49-50 por ejemplo, “Sodoma” es soberbia, gula y no socorrer al pobre y al indigente, es decir, no tiene nada que ver con un pecado “sexual”. Por otra parte, esos textos del Antiguo Testamento, jamás se refieren a las lesbianas, solo hablan de los varones.

    – si algunos textos de las cartas apostólicas incluyen en sus listas de “pecado” a la homosexualidad, es solo para adaptarse a los códigos morales greco romanos, y en ese sentido recordar el pecado de idolatría que tales costumbres significaban, o condenar las practicas de abuso, prepotencia, explotación sexual, sean éstas hetero u homo sexuales, pero de ninguna manera expresan una condena a la homosexualidad como tal.

    – toda la revelación bíblica y con más razón, el Nuevo Testamento, no es un código de moral, citar textos aislados para condenar la homosexualidad es un fundamentalismo anacrónico incapaz de entender los textos en su lugar histórico particular, es usar algunos textos para justificar los propios prejuicios. Hacer de la Biblia un manual de moral sexual sería caer en el legalismo judío duramente criticado por Jesús, la Biblia es la revelación de un Dios que nos quiere ver libres, gozosos y felices y que por eso, nos invita a enfrentar a todo el que oprime, discrimina, rechaza, expulsa, odia, segrega, separa.

    Entendemos la homosexualidad, como una manera distinta, diferente, diversa, de vivir la sexualidad y el amor, no como una rareza y menos como una enfermedad. Desde hace 37 años la homosexualidad no se considera un trastorno psiquiátrico y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de la OMS (Organización Mundial de la Salud) la eliminó como trastorno mental el 17 de mayo 1990 por considerar, con criterios científicos, que no correspondía a una patología, sino que es parte de la diversidad del ser humano.

    Quién podría negar que las personas del mismo sexo pueden vivir de manera, adulta, libre y responsable su sexualidad? Nadie puede, y menos en nombre de Dios, afirmar que hay una sola manera de vivir la sexualidad y el amor. La naturaleza, rica en multiplicidad, también nos enseña que la diversidad no atenta contra ella, si no que la embellece. Citar a la “ley natural” para oponerse a esta legislación es solo una posición fijista, dura, congelada, de la realidad pretendida como “natural”, sin entender los complejos procesos culturales.

    Entendemos que un legislador, puede profesar profundamente su fe cristiana y católica, y, a la vez, con total libertad de conciencia, pensar, definir y actuar distinto a lo que propone la jerarquía eclesial. En la Iglesia Católica no hay un “pensamiento único”, hay lugar para la diversidad y la pluralidad. Por otra parte, un legislador, no legisla para la comunidad católica, legisla para toda la ciudadanía. No debiera ofender ni molestar a nadie, por el contrario, debiera ser motivo de alegría, que las personas del mismo sexo, que tradicionalmente han sido objeto de burlas, discriminaciones, condenas, estigmas, anatemas, prejuicios y obligadas a vivir en la clandestinidad u ocultando sus más profundos sentimientos, hoy puedan sentirse libres y amparados por una ley de la Nación que les reconoce su derecho al amor y a la familia, no como una concesión de mala gana, si no como un derecho inalienable.

  2. Yo soy homosexual y no soy católico, así que ni me voy a casar con una mujer (y menos por la iglesia católica) ni voy a tener hijos, podría usted explicarme qué diferencia resultaría del hecho que tenga derechos civiles iguales a los que tienen el resto de los ciudadanos, o sin esos derechos cree usted que me voy a casar con una mujer para que usted esté contento o a tener hijos para que usted viva feliz? Sus fundamentos son absurdos e irracionales. Y solo para decepcionarlo aún más, los homosexuales y lesbianas ya formamos parte de esta sociedad.

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